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El sexo espiritual se basa en los principios del “Tantra”, término que significa “herramienta de expansión” y que cuenta con más de 1500 años de práctica y estudio. El Tantra es un conjunto de conocimientos destinados a ayudarnos a sentir, incrementando nuestra capacidad de autoconocimiento de la energía que nos nutre y nos rodea; se expresa a través de la exploración de nuestra energía sexual.

El sexo siempre ha sido un tema central en las sociedades: explorado, discutido y hasta considerado tabú, su presencia es aspecto ineludible de nuestra condición humana. Según las culturas y las épocas, se lo ha considerado como algo positivo o negativo, como parte esencial de nuestras vidas o como mero acto reproductivo de la especie, como el privilegio de hombres y la sujeción de mujeres o como un acto sagrado.
Culturas orientales, como la hindú, pregonaron desde sus inicios al sexo espiritual (o sexo tántrico) como el camino físico para alcanzar un nivel espiritual superior.
El sexo tántrico evalúa las relaciones sexuales desde un punto de vista diferente al usado por las sociedades occidentales. No se basa en lo físico ni en qué se considera excitante según las apariencias, sino que propone superar las barreras físicas para priorizar el deseo interior y la energía sexual. Sobrepasa las barreras de género, edad, apariencia física, orientación sexual y todo lo exterior.
Cabe destacar que el Tantra no es una religión, ya que no impone normas, creencias ni reglas. Sí maneja conceptos tales como la energía universal y los poderes elevados; además, brinda herramientas para acentuar nuestro autoconocimiento y para hallar una conexión mas profunda en la pareja a través del sexo.
El Tantra distingue varios sistemas de energía interiores, siendo quizás los más conocidos los “Chakras”: puntos de energía que se ubican entre la cabeza y la pelvis. La mala fluidez de energía entre los chakras genera bloqueos de todo tipo que afectan nuestra salud y nuestro estado de ánimo. El Tantra plantea como prioridad fomentar la buena fluidez energética entre los chakras, para así alcanzar experiencias superiores.
El sexo espiritual o tántrico parte de bases distintas a los conceptos occidentales, ya que no se circunscribe a un principio, desarrollo y final, como la excitación, penetración y orgasmo. Por el contrario, no considera al orgasmo como la verdadera finalidad del sexo; tampoco considera a la penetración como aspecto fundamental de una relación sexual.
El verdadero objetivo del sexo espiritual es sentir, de la forma más plena. Su práctica se basa en enlentecer los tiempos, disfrutar a pleno la experiencia y no basarse en lo externo.
Al no enfocarnos enteramente en la consecución del orgasmo, la meta principal se convierte en conocerse de forma cabal, llegar al auto-entendimiento y -para los habituales practicantes-, alcanzar la iluminación. El orgasmo sigue estando presente pero deja de ser el objetivo del encuentro y el elemento clave en la relación es la respiración pausada, profunda y compartida.
El verdadero objetivo del sexo espiritual es sentir de la forma más plena
Para mejorar la experiencia es necesario acompañar nuestra cotidianeidad con la espiritualidad y los sentimientos de pareja, potenciando el entendimiento espiritual entre compañeros.
Algunas herramientas clave: dedicar largos ratos a las caricias y al placer pero por fuera de las zonas erógenas, sin llegar a consumar la relación. Practicar abrazarse desnudos por largo rato. Llegar a la penetración sin movimientos, descansando de a ratos. Todas estas pequeñas prácticas fomentarán una relación de mayor confianza y les harán alcanzar niveles superiores de placer.
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